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Written by Isabel del Río
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Monday, 01 December 2008 00:00 |
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ÍCARO Como la avispa de Rufa Fernández, fue la legendaria historia de Ícaro, hijo del arquitecto Dédalo y la esclava Naucrates, el mito del joven que quiso volar. Dédalo había sido llamado por el rey de Creta Minos para construir un laberinto donde poder encerrar al terrible Minotauro (fruto de las relaciones de su hija Parsifae con un toro), pero una vez concluido es encerrado junto a Ícaro en la construcción para que no pudiesen contar nunca por dónde y cómo se podía escapar de allí.
Padre e hijo no se dan por vencidos e inventan un artilugio para recobrar la libertad. Se trataba de unas alas confeccionadas con plumas de pájaros y pegadas con cera a un armazón… El viento ayudaría y podrían marchar volando. Dédalo guía al joven Ícaro con prudencia sobre las oscuras aguas del Mediterráneo advirtiéndole de que no se acercara demasiado al Sol pues podría derretirse la cera. El hijo, sin embargo, quiere volar más alto, acercarse a los pájaros, conocer el firmamento, llegar más allá. Morirá ahogado como tantos jóvenes y sus ansias de libertad. 
DÉDALO Isabel del Río Dedalus se llama también el coprotagonista del Ulises de James Joyce. El reflejo quebrado de los héroes de la Odisea y de la “Ilíada” de Homero nos mira desde los ojos de los artistas contemporáneos. Destacamos hoy a Helena, representación de ese eterno femenino que David Mcdowell busca en sus lienzos sin tregua. Helena fue la bella espartana que causó el desastre de Troya al abandonar a su marido, el príncipe Menelao, y huir con Paris, el hijo de Príamo, rey de Troya, a esta última ciudad cercana al Mar Negro. Su marido y las tropas aqueas declararán la guerra a Troya… ¿Cuestión de honor? ¿Amor? ¿Botín? Una leyenda nunca es simple, sobrevive al paso del tiempo y llega a formar parte de todos al renacer cada día en hombres y mujeres actuales, en nuevas Helenas que nos interrogan desde espejos nuevos.
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Last Updated ( Thursday, 13 May 2010 09:40 )
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