Yareah Magazine

Cotidianidad PDF Print E-mail
  
Monday, 10 May 2010 16:56

 
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 La Tejedora, J.Planella- 1882

Si hay un cuadro que me guste es éste de Joan Planella. ¿Cómo ha podido el pintor transformar una realidad tan cruel en una cotidianidad tan hermosa?
En las fábricas del XIX los niños comenzaban a trabajar a la tierna edad de 8 ó 9 años, incluso antes, realizando trabajos diversos en condiciones precarias. Eran tareas que superaban sus capacidades y también sus fuerzas y, además, estaban pero retribuidas que las de los adultos, ya de por sí mal pagadas.


Niños y niñas enfermos, con jornadas que comenzaban a las 5 de la mañana y concluían a las 8 de la noche, con sólo una pausa al mediodía para descansar y comer tirados en el suelo de cualquier sucia esquina del taller. Niños y niñas que tenían prohibido protestar o rebelarse porque el capataz mantenía la disciplina a golpe de correa. Niños y niñas anémicos que no iban a la escuela y que no aprenderían a leer, por lo que no podrían nunca salir de aquel pozo de desgracia para el que habían nacido: huérfanos sin dios ni gobierno que velara por ellos.
Sin embargo, llega un artista, Joan Planella, y entre hierros oxidados y crudos hilos, en un sótano gris terroso que aún nos huele a moho y donde todavía percibimos el suelo sin pavimento, pinta una niña anémica que teje en el telar decimonónico con desgana. Lleva un delantal que, atado a la cintura, ajusta a su débil cuerpo sus harapientas ropas heredadas de alguien mucho mayor y se peina con una trenza mal trazada. Es una de tantas, pertenece a aquel diminuto ejército de hospicianos que no sobrevivirá más allá de la treintena y que dará algún hijo, o varios, que heredará sus mismas condiciones de miseria… Pero en el cuadro, y sólo gracias a la luz dorada que todo lo integra y que crea una atmósfera de sensaciones magistrales, la escena es bella.
Supongo que éste es el camino del arte y del artista, ver con otros ojos una realidad vulgar; dotar al trabajo de una dignidad perdida entre economías y practicidades; y construir un mundo propio y diferente, completo en sí mismo.
No puedo resistirme a incluir también la foto de la verdadera cotidianidad de los niños de aquel tiempo: raquíticos, sucios, infectados, deformes… pero si Joan Planella hubiera cambiado la luz, nosotros habríamos viajado con nuestra/su visión. Es el artista quien traza el camino. Es el autor quien lo transforma en palabras.

http://ignaciozara.wordpress.com

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Last Updated ( Monday, 10 May 2010 17:31 )