 | Todos conocían la historia de aquél viejo sauce. Sus ramas doradas rozaban las aguas del estanque del que se nutría desde hacía siglos. Sus verdes hojas eran mecidas por la caricia del viento y su tronco había crecido enroscado como si quisiera tocar el cielo con su espiral. Decían que no era un sauce normal, que era una mujer encantada. Las leyendas narraban que aquella muchacha no era otra que una hermosa joven que vivió siglos atrás llamada Griselda cuya muerte fue trágica.
La niña de los ojos grises era tan hermosa que todos los hombres de la comarca deseaban hacerla su esposa y sus padres pensaron que podían sacar tajada de aquello. Todos la miraban y veían la belleza que irradiaba, pero a nadie la preocupaba quién era esa muchacha tan hermosa, se limitaban a contemplarla y a decirle que era bella. Lo tenía todo, nunca le faltó nada, menos lo que deseaba: ser amada. Las leyendas cuentan que Griselda se volvió loca. Que mató a sus padres y marchó a las montañas para suicidarse. Muchos dicen que se sentó en la piedra junto a la que crece el sauce y que lloró desconsolada por su soledad, sus lágrimas formaron aquél estanque y su cuerpo se transformó en el árbol que se levantaba, solitario como una roca en el mar, sin poder separarse de las aguas a las que daba sombra. Y allí seguía, llorando por el amor que jamás tuvo. El viento era su único compañero y los lugareños la bautizaron así: La Dama del Viento. Aquél árbol se convirtió en un lugar al que los muchachos acudían a bañarse en los días calurosos. Hasta que un día, uno de ellos estuvo a punto de morir ahogado. Regresó al pueblo, pálido por el miedo, relatando una historia que los años tergiversarían hasta convertir en leyenda. El chico contó que un aroma a flores inundó el estanque justo antes de que una hermosa mujer se adentrara en las aguas. No supo de dónde había salido, pero no le importó. La joven lo miró y le preguntó qué era lo que veía en ella y él le contestó que a la mujer más hermosa que sus ojos habían tenido la suerte de contemplar. Ella insistió y él se reafirmó en su respuesta. Entonces la mujer desapareció y él sintió que alguien tiraba de sus piernas hacia las profundidades del estanque. Logró salir, casi sin aire, y huyó presa del pánico hacia el pueblo. Desde entonces, el lago se convirtió en un lugar maldito. Las viejas contaban que aquél joven sí que murió en las aguas del estanque, y que fue Griselda la que lo ahogó en venganza por no haber sido nunca amada. La Dama del Viento se convirtió en una bruja desalmada que clamaba venganza y sus aguas pasaron a ser un lugar prohibido. Pasado el tiempo, un caballero llegó al pueblo de regreso a su ciudad. Había pasado años en las cruzadas y ahora buscaba la paz del descanso lejos de tierras infieles. Se detuvo frente al sauce, buscando la sombra de aquél árbol y se refrescó en las aguas del estanque. El viento mecía las ramas desatando una dulce melodía que invitaba a relajarse. Se desvistió por completo y dejó que las cristalinas aguas mojaran su bronceada y curtida piel. Algunas ramas acariciaron su rostro como si de dedos sedosos se trataran y un agradable perfume de violetas inundó sus pituitarias. Se dejó llevar por la paz que transmitía aquél lugar y pronto se sintió adormilado. Se tumbó en la orilla y no tardó en caer rendido. Al cabo de un rato un chapoteo lo despertó. Abrió los ojos y frente a él había una joven que bañaba su cuerpo en el estanque. Vestía una túnica ámbar, pegada al cuerpo por el agua, y sobre su cabeza lucía una corona hecha con ramas del sauce entrelazadas. Era tan hermosa, que el caballero habría recorrido de nuevo medio mundo para llegar allí si se lo hubiera pedido. La muchacha dejó que sus cabellos rozaran la superficie del agua y algunas ondas llenaron el estanque. No pareció percatarse de la presencia del joven hasta que éste se le acercó. -¿Quién sois? –le preguntó sin preocuparse de tapar su desnudez. Ella lo miró con sus ojos grises que se clavaron como dos hierros ardientes en el corazón del caballero. No dijo nada, sencillamente se alejó nadando hasta el centro del estanque. Lloraba y pareciera que no quería que la viesen así. Él nadó hasta su lado y le retiró los cabellos del rostro sintiendo que algo le ardía dentro al rozar su piel. -¿Por qué lloráis? –le preguntó sujetando su cara con ambas manos –Decidme lo que os aflige. -¿Qué veis en mí? –le preguntó levantando la mirada. -Veo a una muchacha triste –le contestó apenado. -¿Nada más? –le dijo ella. -Veo unos ojos que irradian dolor –dijo deseando poder abrazarla y besarla. La muchacha se le acercó y le preguntó si no le parecía hermosa. Él le dijo que había visto a muchas mujeres hermosas en su vida y que no era una más, le dijo que había algo en ella que no había visto nunca. -¿El qué? –le preguntó sin apartar su mirada color perla. -No lo sé, pero me encantaría que me dejarais descubrirlo –contestó él y, sin importarle nada, dio un paso al frente y la besó. No duró mucho, apenas un instante, lo suficiente como para que el caballero sintiera que las lágrimas de la mujer empapaban su rostro y que el contacto con su suave piel le erizaba el vello de la nuca. El joven notó que la mujer desaparecía entre sus brazos y abrió los ojos asustado. No había nadie a su alrededor, sólo el viejo sauce y el estanque. Miró hacia el árbol, ya no era tan hermoso, su corteza estaba llena de manchas y bultos y sus ramas parecían más pesadas y ásperas ahora. Se acercó a él siguiendo el olor a violetas hasta que perdió su rastro. Junto al árbol vio la corona que la joven llevara puesta. La recogió y la guardó entre sus cosas. Se vistió, montó sobre su caballo y puso rumbo hacia su hogar. El recuerdo de aquél sauce quedó por siempre en su memoria y de no haber sido por la corona, hubiera creído que lo único que pasó junto a aquél árbol fue que tuvo el sueño más hermoso de su vida. El viejo sauce se fue secando a medida que el estanque fue desapareciendo. Las gentes del pueblo nunca supieron por qué, los más ancianos contaban que era porque Griselda había encontrado finalmente lo que deseaba y ya no necesitaba llorar ni llevarse el alma de más jóvenes con ella.  | | Lola Alarcia | Biografía: Lola Alarcia nace un frío día de invierno en Extremadura (un 26 de Febrero 1982), donde pasará toda su infancia a caballo entre un pequeño pueblo de Andalucía (Cumbres Mayores) y Badajoz. Siempre estuvo rodeada de libros y no tardó en comenzar a inventar historias para jugar con sus amigos y hermanos. No fue hasta cumplidos los 16 años que comenzó a escribir las historias que volaban entorno a su cabeza y tras terminar sus estudios de bachillerato empezó su primera novela: La Ciudad de la Luz se torna oscura, una novela de fantasía llena de magia y aventuras que nunca llegó a ver la luz. En los últimos años ha escrito varias novelas de diferente corte (La Puerta de la Traición y La Faz de la Tierra), así como numerosos relatos como Barro en los Tacones y La noche más fría del mundo que serán publicados en un libro en el que colaboran varios autores. http://alarcia.deviantart.com/
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