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Poemas (selección) Desde las sábanas Rabia odio de tanto amor que por ti siento. [Maritza Núñez] Vuelvo a llorar por ti, en secreto. Mancho las sábanas de incontables lágrimas, de lágrimas sucias llenas de rabia, de lágrimas negras por culpa del rimel que apenas utilizo.
Mi cama ha escrito demasiadas historias en su colcha, la almohada apenas soporta el peso del silencio de la humedad de mis ojos, deja de ser la cómoda cuna de los sueños para convertirse en el único sitio donde me consume la tortura de mi interior dolido. Mi cama es útero de tela que me acoge, echa un ovillo, después de mis sollozos, de mis gritos silenciosos y desgarrados ante lo que me jode.
Si tuviera que juntar todo lo que he llorado por ti en estas sábanas, construiría un inmenso océano salado con olas de súplicas, de deseo, de la ilusión de verte en esta cama junto a mí, enfrentando a tu ser con el mío; pero en la realidad, yo me ahogo en mi propia melancolía y en la desesperación de saber que no podrás pertenecerme jamás. Jamás… (“Bocaditos de Realidad”, primera edición) De rodillas, delante de mi cama… De niña, tenía una cruz dorada clavada en la carne; ahora, mis oraciones salpicadas de culpa se reflejan en un rosario con cuentas de lágrimas. Conciencia sin limpiar. Pedazos ásperos que murmuro para mis adentros, pecados de mi insignificante existencia. Antes había terror: debajo de la cama estaba Dios. Pero Dios no está. Ya no hay ni bondades ni castigos. Tampoco creo en los poetas, ni en los políticos, ni en las putas promesas de amor eternas ni tampoco en los hombres ni en las mujeres. Mis plegarias, cantos de desilusión en la noche cómplice de mis bajones, asoman en estas manos la gran evidencia. Sólo creo en mi misma. Porque es lo único que me queda. (“Bocaditos de Realidad”, segunda edición) El mayor espectáculo del mundo Bienvenidos al mayor espectáculo del mundo: el teatro de la vida. Escenario con decorados cutres, donde te hallas tú sintiéndote como una marioneta, atado de pies y manos, como un muñeco, con agujero en la espalda, como un actor secundario que jamás se estudia el guión. En las tablas, haya tragedia, haya comedia, cambias el trozo de carne del pecho por plástico, por algodón, o por metal orgánico. Bajo los focos, somos tristes figuras sin sombra que maneja, cruel, el destino. I got you under my skin I've got you deep in the heart of me so deep in my heart that you're really a part of me. (Frank Sinatra) A pesar de tus latigazos en mi espalda, amor, te tengo debajo de la piel, corres por la sangre de mis venas de borracha a un ritmo de vértigo, te has empotrado en ese trozo de carne que sólo late, desgarrándome las arterias con los dedos, acariciando, dulce y cruel, esos recuerdos que jamás en la vida podré borrar.
Sí, cariño, te tengo debajo de la piel; de hecho, siempre has estado ahí… …aunque yo, en ti, esté rota y arrugada en el fondo de tu papelera. (Poemas de “Material de Desecho”, inédito)
Tripas Como cuando se abre una flor y revela el corazón que no tiene (Alejandra Pizarnik) I Los lugares más fríos no son Islandia, ni Siberia, ni Groenlandia. Disecciona con la navaja del recuerdo el esternón: sólo hay escarcha. II Ser la otra te posiciona en dos categorías: la superior, cuando eres novedad, la inferior, cuando eres comodín. No sé si me valoro lo suficiente o me siento muy sola. III Calidez admitida en besos y abrazos: las palabras, accesorias para la excitación. Teatralidad del que reclama piel ajena cuando la otra parte de la cama está vacía. IV Amor: mi nombre en tu boca. Y todo es falso. Opto por callar. El silencio es más elocuente: entre tus brazos, sólo siento. V Besas y golpeas mi pecho. No hay dolor: fina capa de hielo recubre un órgano latiendo lentamente, mentiroso. Sólo mis tripas son honestas. VI Mi espalda. Es tuya. Vértebra a vértebra. Nervio a nervio. Soporta tu peso. Soporta la hipocresía. Es lo único que puedo ofrecer: no quiero entregar un corazón podrido. VII Cadáveres. Mis huesos, mis músculos, mi piel, son cadáveres en tus manos. No hay latidos: soy amor muerto. Soy nada. VIII Mis entrañas se retiran del campo de batalla. Sábanas mojadas: banderas blancas para la pecadora. Mi orgullo herido. Saboreamos la derrota. Soledad resguardada en lo más hondo de mí, masticándome las tripas, remordiendo conciencia enjuagada con sudor. Aspiro a imposibles Caperucita - regaliz Qué tonta era Caperucita Roja. Tierna chiquilla que hace dulces para la abuelita, inocente cria que se tragó las mentiras del can feroz, estúpida niñata que esperó al leñador para ser rescatada, criatura gilipollas que concebía la vida como un pastel. Yo soy versión adulta de Caperucita: llevo siniestras ropas de luto, un palo lleno de clavos oxidados y caramelos de regaliz en los bolsillos; arrastro el fantasma del miserable lobo y un cadáver anciano de voluntad impasible. Los manjares de azúcar intragables de mi canasto - escondidos junto a un libro de filosofía, el tabaco y la botella de vino - se pudren por el veneno. Son regalos para los cuentistas: abuelas, niñas, lobos y guardabosques que me intentan engullir con sus fauces hipócritas. (Poemas de “Píldoras de Papel”, inédito) Símbolo de mi impotencia contra el mundo Raparse casi al cero es un placer indescriptible. Mientras las tijeras y la maquinilla cubren de pelos las baldosas del baño, yo me resigno a mi realidad. Es lo único de mí que puedo cortar con mis propias manos. Desierto El corazón en el techo, yo recibiendo el amor que corresponde a la legítima mientras me observa desde arriba y lanza mensajes codificados: “qué poco vales por morir lentamente entre besos”. Los tímpanos perciben el eco silencioso del órgano que late por inercia que me espía que se mezcla con lamentos los tuyos los míos que llora por la que está suspirando por huesos ajenos y que se ha rendido a otras manos. Con el último suspiro en la soledad de mi ausente delito me quedo quieta muy quieta esperando a que regrese el trozo de carne a su hueco, pero parece inerte, confiesa con rabia entre los dientes que no desea ocupar su sitio: no se sentiría cómodo habitando las costillas de una extraña. (Poemas de “Yo soy lo que dicen mis manos”, inédito) Bio Ana Patricia Moya (Córdoba, España, 1982). Licenciada en Humanidades por la Universidad de Córdoba, actualmente, es pluriempleada, estudia master y es directora de Groenlandia (revista de literatura, opinión y arte en general). Sus poemas y relatos han aparecido en antologías y distintas publicaciones, digitales e impresas, de España e Hispanoamérica, así como en distintos blogs de literatura. Sus poemas han sido traducidos al inglés, italiano y catalán. Posee obras inéditas. http://www.revistagroenlandia.com/ana_patricia.htm http://lasafinidadeselectivas.blogspot.com/2008/10/ana-patricia.html http://afinidadesnarrativas.blogspot.com/2010/05/ana-patricia-moya-rodriguez.html |