| Relato: Fuego Helado |
|
|
|
| Monday, 15 March 2010 19:31 | |||
|
Irene la miró esperando una reacción, pero la mujer permaneció con sus oscuros ojos clavados en los suyos, como siempre hacía. Te he preguntado mil veces quién eres y qué quieres de mí, pero no contestas. ¿Qué es lo que quieres maldita sea? ¿Quieres volverme loca? ¿Acaso eres uno de esos que pueden meterse en la cabeza de otro y jugar con él hasta matarlo? ¡Dime por qué estás aquí! El silencio fue de nuevo la respuesta. Irene se dejó caer sobre el suelo de su salón sin importarle lo frío que estaba. No podía más. No se veía capaz de aguantar aquella presencia un día más. Se estaba volviendo loca. No sé ni por qué me molesto en hablarte –le dijo a la mujer. –Nunca contestas –Irene no pudo evitar reír. Se sintió aún más loca al oír aquella risa. En el fondo sé quién eres –le dijo esperando una reacción que no llegó. –Eres la muerte, ¿verdad? Sí, lo eres y me persigues porque lo salvé. Pero, ¿qué querías que hiciera? ¿No es eso lo que se suponía que debía hacer? ¿Acaso no me dieron este don para salvar vidas? Irene encendió una bola de fuego sobre la palma de su mano derecha que apagó juntando ambas manos en un gesto de furia y un mar de amarillas chispas. Miró fijamente a la mujer y entornó los ojos tratando de contener su ira. Si pudiera hacerte desaparecer con mi fuego… lo haría sin pensarlo dos veces –la mujer permaneció inmutable. -¿Sigues sin decir nada? Claro, eres la muerte, sabes que no podría matarte… aunque lo deseara con todas mis fuerzas. Irene lanzó una bola de fuego contra la mujer. Las llamas la golpearon y desaparecieron como si hubieran entrado en contacto con un agujero negro. La muchacha, que permanecía sentada en el suelo, rompió en carcajadas y tuvo que hacer un gran esfuerzo por no caer de espaldas. Cuando al fin logró contenerse se incorporó limpiándose las lágrimas con el dorso de la mano. Su piel estaba fría. Aquello era algo que nunca había comprendido. El calor no le afectaba, siempre tenía frío a pesar de poder crear fuego de la nada. Andrés siempre la llamaba “Fuego helado”. Aquél recuerdo la obligó a apretar los ojos y contener las lágrimas. ¿No te aburres de mí? –le dijo al pasar a su lado para salir de la casa. La mujer se giró sin apartar su mirada de ella y la siguió. Mientras subía los peldaños que la separaban de la terraza la sentía tras ella. Pero no se volvió ni un momento. Cuando llegó a la puerta que la separaba del exterior se detuvo, tenía el pomo sujeto y no se dio cuenta de que lo estaba derritiendo hasta que el olor a pintura quemada la alertó. Lo soltó como si se hubiera quemado, aunque ella nunca se quemaba, y miró hacia atrás encontrándose con la mirada de la muerte. Abrió la puerta y salió a la terraza. Era de noche, hacía frío y corría un aire que presagiaba lluvia. Se acercó a la cornisa y contempló las luces de la ciudad en la que había crecido. Allí había descubierto lo que podía hacer y desde aquél día se había dedicado a utilizarlo para ayudar a otros, para nada más, excepto una vez. ¿Sabes a cuánta gente he salvado en mi vida? –le dijo a la mujer volviéndose para ver su rostro. Ella no dijo nada, sencillamente la miró, como hacía siempre. –Claro que lo sabes, tú entiendes de eso, ¿verdad? –Irene rió de nuevo, pero esta vez su propia risa le puso los pelos de punta. Si estuvieras aquí porque he impedido que muchas almas cayeran en tus manos, haría mucho que habrías venido… así que es por lo otro –volvió la vista al frente. Una ráfaga de aire le trajo olor a tierra mojada y unas gotas humedecieron su rostro. –Estás aquí porque no salvé a quien debía, ¿verdad? El silencio fue la respuesta, pero Irene no necesitaba oírlo para saber que era cierto. Fue un error, lo sé, pero… qué podía hacer. No podía dejarlo morir… Andrés… no sabía que ya estaba muerto –Irene rompió a llorar. La figura seguía mirándola sin importarle que la lluvia comenzara a caer ni que el viento agitara su túnica obsidiana violentamente. –Sé que hice mal, que debería haber salvado a aquél hombre… pero… lo amaba. Sólo tenía tiempo de salvar a uno de los dos. Un desconocido contra el hombre al que quería. ¿No habría hecho cualquiera lo mismo? La figura seguía mirándola sin hacer el más mínimo gesto. Irene agitó la cabeza sonriendo al tiempo que las lágrimas le resbalaban por las mejillas. Y ahora están los dos muertos… y sé que aquél hombre debería estar vivo… porque yo tendría que haberlo salvado. Me pidieron que lo salvara y por eso fui allí… cuando vi a Andrés… no pensé con claridad. Todo iba a estallar, el fuego estaba descontrolado e incluso a mí me costaba pensar… vi la oportunidad de salvarlo y lo saqué de allí. Cuando lo dejé en el suelo vi que estaba muerto y cuando me volví para salvar al otro… todo estalló. Irene se volvió hacia la mujer deseando poder matarla. Por eso estás aquí, ¿no? Quieres mi vida también. ¿Acaso no te alegra que por mi culpa cayera en tus manos otra alma? No, tú nunca tendrás suficiente. La muchacha dio un paso adelante y se subió a la cornisa que separaba la terraza del vacío. Miró hacia abajo y extendió una mano con la palma hacia la noche. Creó una última bola de fuego que lanzó contra la muerte con la esperanza de que al fin desapareciera, pero no lo hizo. Sin pensarlo un instante, dejó que el peso de cuerpo se fuera hacia delante y sintió cómo el aire agitaba sus cabellos empapados por la lluvia. No duró mucho, pero mientras se precipitaba desde lo alto del edificio tuvo tiempo de ver la figura oscura contemplándola desde la cornisa. Irene sonrió, era la primera vez desde que apareciera que la tenía lejos. Biografía de Lola Alarcia: Lola Alarcia nace un frío día de invierno en Extremadura (un 26 de Febrero 1982), donde pasará toda su infancia a caballo entre un pequeño pueblo de Andalucía (Cumbres Mayores) y Badajoz. Siempre estuvo rodeada de libros y no tardó en comenzar a inventar historias para jugar con sus amigos y hermanos. No fue hasta cumplidos los 16 años que comenzó a escribir las historias que volaban entorno a su cabeza y tras terminar sus estudios de bachillerato empezó su primera novela: La Ciudad de la Luz se torna oscura, una novela de fantasía llena de magia y aventuras que nunca llegó a ver la luz. En los últimos años ha escrito varias novelas de diferente corte (La Puerta de la Traición y La Faz de la Tierra), así como numerosos relatos como Barro en los Tacones y La noche más fría del mundo que serán publicados en un libro en el que colaboran varios autores. |
|||
| Last Updated ( Monday, 15 March 2010 19:38 ) | |||
Last Issue - Último Número
Issues
- Issue 1 - Numero 1
- Issue 2 - Numero 2
- Issue 3 - Numero 3
- Issue 4 - Numero 4
- Issue 5 - Numero 5
- Issue 6 - Numero 6
- Issue 7 - Numero 7
- Issue 8 - Numero 8
- Issue 9 - Numero 9
- Issue 10 - Numero 10
- Issue 11 - Numero 11
- Issue 12 - Numero 12
- Issue 13 - Numero 13
- Issue 14 - Numero 14
- Issue 15 - Numero 15
- Issue 16 - Numero 16
- Issue 17 - Numero 17



