Yareah Magazine

Relato: El Smoking de Cinderella PDF Print E-mail
  
Thursday, 11 March 2010 17:55

 
 Pintura de Isabel del Río
—Abuelo, vamos al parque.http://artsyareah.files.wordpress.com/2010/02/bandera_yareahesp_p.gif?w=24&h=14
—Laura, bonita, sabes que a tus padres no les gusta eso.
—Mis amigas van con sus abuelos a Hyde Park y es una cosa de lo más normal, créeme.
—Sí, Laura, pero no a las tres y media de la madrugada. Y hace frío.
—Anda, y me cuentas un cuento...


—¿Blancanieves? Siéntate aquí y te lo cuento.
—¿Estás de coña, abuelo? Ni Blancanieves ni aquí. Vamos al parque y me cuentas uno de los tuyos.
—Uno de los míos, uno de los míos...Pero volvemos antes de que regresen tus padres.
—Te quiero, abuelo. A las cinco me encontrarán haciéndome la dormida, como siempre.
—¡Abrigo, bufanda y guantes!
—Que sí, pesado.

Afuera, la niebla era una pizarra mal borrada. Hasta las ratas tenían que agachar la cabeza para ver algo. Salieron de su portal de la calle Trevor cogidos de la mano, rumbo a Hyde Park. Al llegar a Kensington giraron a la izquierda.

—Vas a empezar a contarme algo interesante o estás esperando a que te suplique.
—Vale, Laura. Pero no se te ocurra decir una sola palabra a tus padres.
—¿De verdad piensas que soy tonta? ¿Es eso lo que piensas de mí?
—Se trata de un hecho que tuvo lugar en el Royal Albert Hall.
—¿Adónde?  —dijo Laura, despistada.
—En el teatro redondo, que dices que parece una tarta.
—Ah, sí ¿Está por aquí, no?
—Efectivamente. Pero con esta niebla, no sé si lo veremos antes de chafarnos las narices  contra él.

La niña sonrió nerviosa por el frío, la noche y el miedo: un cóctel que le gustaba cada día más.

—Voy a contarte un hecho verídico, pero no me interrumpas.

Esta es la historia de un indigente, un pobre hombre que vagabundeaba por este barrio hace más de cuarenta años. Estaba enfermo y pensó que si no daba un giro a su vida, un cambio importante, moriría en unas semanas.
Un día, paseando por este mismo parque que ahora no ves a la derecha, encontró en el suelo un resguardo de una tintorería de Knightbridge y decidió que ese era un buen día para cambiar, al menos, de ropa. Si era de su talla, bien; si no, la vendería.
Se presentó en la tintorería y le cambiaron su resguardo por un traje cubierto por un plástico.
En los servicios públicos que hay junto al Albert Memorial, descubrió que era un smoking. Y le sentaba como un guante. Su suerte no acabó ahí; rebuscó en los bolsillos, encontrando unos guantes blancos y una entrada, para esa misma noche, del teatro-tarta con el que nos vamos a romper las narices de un momento a otro.

La niña soltó una carcajada.

—Sigue, sigue.

Era el 26 de mayo de 1966 y actuaba Bob Dylan, un cantante que le gustaba mucho a nuestro protagonista, porque sus canciones hablaban de amor y de los pobres como él.
Entró y se acomodó en el teatro. Resultó ser el espectador más elegante.
Fue un concierto magnífico; sin embargo, junto a su asiento, un matrimonio no dejó de cuchichear y criticar lo eléctrico y poco folk del concierto.
El marido, nada más terminar la canción Like a Rolling Stone, se levantó y espetó: ¡Judas!
Su mujer, en ese momento de confusión, se levantó con todas sus joyas dirigiéndose al servicio. El indigente la siguió mientras Bob decía: ¡No te creo! La señora entró en el servicio y él detrás. Justo antes de cerrar la puerta por dentro, pudo escuchar a Dylan: ¡Eres un mentiroso!
Ella gritaba y gritaba, pero el escándalo impidió que alguien lo oyera.
Con una navaja, que hasta ese momento sólo había cortado pan, rebanó su cuello.
Le quitó todas las joyas, mientras borbotones de sangre lo manchaban todo. Después de unos instantes en blanco, decidió dejar junto al cadáver su empapado smoking. Nadie le vio salir.
La policía marcó con tiza, tanto el perímetro de la degollada, como el del smoking. No sabía por donde empezar la investigación. Varios testigos confirmaron el mal aspecto del asesino, un “sin techo” aseguraban, pero que el traje le sentaba magníficamente.
El inspector jefe tardó dos semanas en pertrechar un plan, consistente en hacer una redada y detener a todos los indigentes de Londres tan solo unas horas, el tiempo necesario para probar a todos el smoking asesino.
Entre el 9 y el 11 de junio fueron detenidos quinientos doce candidatos. Fue un casting macabro. Uno a uno se fueron probando el traje, ya limpio. Quince fueron detenidos para posteriores investigaciones, y el resto, puesto en libertad.

—¿Y a nuestro indigente, se lo hicieron probar?
—Claro, Laura, se lo probó y quedó en libertad.
—No lo entiendo.
—Hijita mía, la buena vida es bella y engorda. Nuestro asesino vendió las joyas y ahora era rico. No le abrochaba por tres dedos.
—Jo, abuelo. Qué suerte tuvo. Pero matar no está bien.
—Tampoco está bien pasear a las cuatro de la madrugada para romperse la nariz, con ocho años.
—No son cosas comparables.
—De acuerdo, no lo son. Pero tenías que haberla visto cómo gritaba, cómo temblaba, cómo suplicaba.
—Me ha gustado mucho, abuelo. Espero que mañana me cuentes otro así de bueno.
—¿Qué te parece si nos volvemos ya, Laura?
—Bien. Me parece bien. Volvamos.

Leer más sobre Antonio Benavides y su mundo:

http://oopstown.com/index.html

Trackback(0)
Comments (3)Add Comment
0
...
written by metin2 yang , July 14, 2010
nice. good words
0
wholesale mlb jerseys
written by wholesale mlb jerseys, July 14, 2010
Thank you for your sharing.
0
wholesale nfl jerseys
written by wholesale nfl jerseys, July 14, 2010
It was a very nice idea!

Write comment

busy
Last Updated ( Thursday, 11 March 2010 18:15 )