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Juan Ignacio Guglieri
MORAL
 | | Aristóles, por Rembrandt | Éticas las hay a Nicodemo, a Nicómaco, a Amador. Se utiliza mucho la forma epistolar para decirle a la gente lo que conviene hacer. Hay epístolas de San Pablo a los tesalonicenses, a los corintios, a los efesios, a los colonenses, a los gálatas, también a Timoteo, su fiel discípulo, o a Tito o a Filemón. Séneca escribió las cartas a Lucilio y le enseñaba muchas cosas: que lo bueno no es vivir sino vivir conforme al bien, que los hombres, mientras enseñan, aprenden, que al hombre le debe agradar lo que le agrada a la divinidad, que la filosofía no rechaza ni elige a nadie sino que luce para todos…
Los que piensan se vienen preocupando por qué cosa es la felicidad o la virtud o el placer. Nada de esto es fácil, pues, de serlo, sería cuestión resuelta hace tiempo. Desde aquellos pensadores griegos, que parecieron dejarlo todo dicho, a estos profesores de hoy tan entretenidos, se trate de lo que se trate. ¿Habrá algo ante lo que Savater se quede sin saber qué decir? Hace muchos años había en televisión un anuncio de un analgésico con paracetamol, que viene al caso. Era un sabio griego envuelto en su himation y rodeado de atentos discípulos. Uno de ellos le preguntaba: “Maestro, ¿qué es la felicidad?” Aquel Epicuro o Zenón respondía: “Hijo mío, la felicidad es la ausencia del dolor”, ¡OKAL! En fin, respuestas variadas para sobrellevar la vida aquí y ahora. Es la cara de una moneda, que tiene su cruz: el hecho de que vivimos rodeados de sinvergüenzas. Cicerón acusó a un eximio fresco, C. Verres, que había esquilmado Sicilia en el tiempo en que era allí gobernador romano. Esto de abusar del cargo era algo incluso aceptado como normal, pero éste se pasó. Se ve que, además, tenía especial debilidad por las piezas de arte y objetos preciosos. Es notable el caso del candelabro del rey Antíoco. Los hijos de este rey de Siria habían llegado a Roma para tratar sobre cuestiones dinásticas de Egipto. Eran buenos aliados y debían ser atendidos con toda consideración. Sin poder resolver el asunto en el Senado, regresaban a Siria. Pero uno de los príncipes tuvo el deseo de pasar por Sicilia y visitar Siracusa. Con la llegada de este Antíoco, Verres pensó que la fortuna le sonreía: vio desde el principio la ocasión de aprovecharse, pues sabía de una gran cantidad de riquezas, que Antíoco portaba consigo. Verres deslumbró al oriental con una primera y magnífica cena. Cuando le tocó el turno, Antíoco desplegó ante sus comensales toda su munificencia. Verres se encaprichó con las bellas piezas de la vajilla. Pidió que se las dejaran para hacerlas examinar por sus expertos orfebres. El desprendimiento del sirio fue así comprobado por el codicioso romano. Por lo tanto éste pidió de igual manera a Antíoco que le prestara también un excepcional candelabro, que había sido llevado a Roma como ofrenda para el templo de Júpiter Óptimo Máximo en el Capitolio. Todo en honor del poderoso pueblo romano, al que reservaban el privilegio de disfrutar antes que nadie de aquella riqueza. Por eso el secreto era grande en torno a la misma. Al no poder haberse hecho aún la donación por no estar terminado y consagrado el monumento, el candelabro viajaba de regreso a Siria. Volvería a enviarse a Roma en cuanto pudiera ser acogido en el templo de Júpiter. Verres, conocedor de la existencia de la joya, insistió en que se la dejaran. Todavía confiado, Antíoco consintió de nuevo. Cuando se dio cuenta de que estaba siendo objeto de un expolio, era tarde. El gobernador terminó por expulsarle de Sicilia. Decía haber sabido que piratas procedentes de Siria se acercaban a la isla. Y se quedó con todo lo que quiso. Después de esto no hubo nada a salvo durante el gobierno de Verres. En otra ocasión, ante personajes de esta catadura, Cicerón se escandalizaba con su célebre exclamación, o tempora, o mores! que siempre ha aparecido traducida en las antologías del disparate como “¡oh tiempos de los moros!”. Mores es una bonita palabra. El diccionario latino enuncia mos-moris, “costumbre”, de ahí “moral”. La falta de buenas costumbres impide muchas veces el desenvolvimiento de los pueblos. Un alto funcionario español contaba acerca de un país africano haber visto allí las facturas y papeles acreditativos de que una misma carretera había sido hecha hasta tres veces. La dicha vía no existía. Tenía que proporcionar comunicación a un poblado, en el que trabajaban unas monjitas, de esas que son de las pocas personas que funcionan bien por aquellas latitudes. En ocasiones la frescura se generaliza. El comandante de un vuelo de Aerolíneas Argentinas se dirigía a los viajeros para decirles: “Tengo el honor de presentarles a todos Vds. a D. Héctor Zavala Cienfuegos, que es el único pasajero que ha pagado su billete”. Lo dijo Jesús: “Anda, ve y no peques más”.
Leer más: http://mitosclasicos.wordpress.com/2009/04/16/horacio-poeta-romano-por-juan-ignacio-guglieri-en-yareah-magazine/ *Yareah magazine es una revista cultural fundada y dirigida por el escritor Martín Cid: http://www.martincid.com **Created and edited by the writer Martin Cid:
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