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Juan Ignacio Guglieri
| | artista: Alfredo Fuchs | Será el no ver muy lejana la condición de sexagenario lo que hace recordar la metamorfosis de Filemón y Baucis al pensar en Ovidio. Los hexámetros de las Metamorfosis son de lo más bonito que se puede leer en lengua latina. Incapaz, al parecer, de escribir en prosa, el poeta casi se quejaba cuando dejó dicho aquello de et quod temptabam scribere versus erat (¿verdad que no hace falta traducirlo?): un espíritu encadenado a la poesía. Las historias de las Metamorfosis se pueden contar y volver a contar en todas las lenguas, en prosa y en verso, se pueden hacer con ellas cuentos para niños, grandes creaciones plásticas, literarias o musicales. Pueden inspirar una fuente. Ahí están Hipómenes y Atalanta tirando como leones del carro de Cibeles. En Madrid, claro. Pero no se van de la cabeza Filemón y Baucis. Así es que hay que contar su metamorfosis. Eran un matrimonio campesino, gente de edad. Llevaban vidas sencillas y bondadosas, con toda la idealización que la Literatura otorga al campo: tiempo de labor, descanso austero, humilde y apacible. Júpiter y Mercurio, disfrazados de simples caminantes,
pasaron por su choza y pidieron posada. Filemón y Baucis cumplieron con la hospitalidad clásica en forma que conmovió a los dioses. Pasada la noche, se descubrieron las deidades en todo su esplendor y quisieron premiar a los ancianos prometiéndoles la concesión de cualquier deseo que tuvieran. Sorprendidos y dudosos los piadosos cónyuges pidieron al fin no ver morir el uno al otro. Concedido. Se marcharon los visitantes. Un día Filemón vio cómo Baucis se iba metamorfoseando en arbusto y ella pudo apreciar los brazos y piernas de su compañero de toda la vida convirtiéndose en leños. De esta manera quedaron amorosamente enlazadas las ramas y hojas de quienes habían vivido una vida humana feliz. Tal fue su metamorfosis. Y así todo. Cientos y cientos de versos para historias como ésta. La de Orfeo y Eurídice es muy conocida. El canto y la lira de Orfeo doblegaron incluso a las divinidades infernales. El vate consiguió de ellas que su tierna esposa, muerta prematuramente, volviera a la vida. Los jóvenes enamorados tenían que subir una larga escalinata desde los abismos de los muertos, yendo Orfeo delante y Eurídice detrás. Los dioses habían impuesto al poeta la prueba de no volver la vista para ver a su mujer hasta llegar a la superficie, de nuevo al mundo de los vivos. Ya estaba a punto de remontar aquel empinado trecho, cuando Orfeo no pudo resistir la tentación e incumplió la condición divina, mirando a Eurídice. Con horror vio a su bella hundirse en las tinieblas. ¡Muerta de nuevo, y esta vez por su culpa! ¿Dónde está la metamorfosis? Hay que seguir leyendo. Orfeo no pudo ya vivir sino para cantar su pena al son de la lira por bosques, prados y arroyos. La naturaleza entera se encandilaba con su verso. Hasta que un día unas bacantes tracias, que celebraban sus ritos lejos de toda mirada, descubrieron a Orfeo. ¿Espiaría a escondidas tan prohibidas orgías? ¿Quién no? Las enloquecidas adoratrices de Baco cayeron sobre él, lo despedazaron y dispersaron sus despojos. La cabeza del descuartizado junto con la lira, que siempre le acompañó, cayó al río Hebro (con H; nada que ver con la Virgen del Pilar). Desde entonces el discurrir de estas aguas rumoreaba las canciones de Orfeo. Las corrientes y las olas llevaron aquellos restos hasta las costas de la isla de Lesbos. Por eso Lesbos era tierra propicia para la poesía: Safo. Pero la verdadera metamorfosis de esta historia es la conversión de aquellas bacantes o ménades también en troncos. Esta vez no se trataba de un premio, como lo fue para Filemón y Baucis. Fue un castigo del propio dios Baco para aquellas fanáticas. Por bestias. ¿Qué más quiere la gente para volver a leer los clásicos griegos y latinos y para que sea obligatorio estudiar latín y griego en colegios e institutos? Ha sido una lucha kafkiana (de Ovidio a Kafka). El caso es que el culto vocablo de metamorfosis, griego puro, está popularizado totalmente, Así, una dama, tras salir del cuarto de baño, toda bella y compuesta para un festejo, oyó decir a su doméstica, que quería halagarla: ¡Qué fimosis! Leer más sobre Juan Ignacio Guglieri: http://mitosclasicos.wordpress.com/2009/09/23/martin-cid-habla-del-latinista-juan-ignacio-guglieri-en-yareah-magazine/ *Yareah magazine es una revista cultural fundada y dirigida por el escritor Martín Cid: http://www.martincid.com **Created and edited by the writer Martin Cid:
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