Yareah Magazine

Ficción: Despertar PDF Print E-mail
  
Wednesday, 01 July 2009 00:00

                                                                                                                                                              http://www.yareah.com/images/bandera_2_p.gif Marina del Molin
 Te observo en la penumbra inerte e inmóvil.
 
 Dulce figura de mármol que yace recostada sobre una antigua tumba sostenida por querubines de rostros tristes y ensombrecidos por el dolor. Observo atentamente tus no movimientos, intentando descubrir el mas imperceptible temblor en tus labios fríos, en tus frágiles dedos de pianista, en tus arqueadas pestañas, todo tu cuerpo tan perfecto, tan hermoso y vital, pero tan aletargado.


 Miro tus manos atentamente, y mientras camino, rodeándote con las mías comienzo a seguir las líneas que aun se dibujan en ellas, mapas interminables que me conducen  a tu corazón, a tu cerebro, a todo tu ser. Estos ríos que un día llevaron la vida por las llanuras vastas e inmensas de tu cuerpo, hoy están secos. Aun así mi alma espera que tan solo una molécula de vida aun este latiendo en tu ser.
Mis manos van recorriendo todo tu cuerpo, tratando de detectar tus latidos, búsqueda incansable y vana, infructuosa. Mis dedos ahora suben por tu pecho rígido, explorando cada centímetro de piel y llego hasta tu cuello, tenso, rígido, esbelto y sensual. Ahora es el turno de tu rostro, imagen perfecta de ángel caído, de líneas perfectas. Me detengo en tus labios, curvas talladas a cincel, ni muy grandes, ni muy pequeñas, delicadas pero generosas, una invitación al placer de un beso. Uno nuestros labios pensando que talvez, al sentir mi calor reacciones, pero esto no ocurre, tus labios siguen muertos, sin expresión ni sentimientos.
 
 Tan inexpresivos como tus labios están tus ojos, no me animo a mover tus parpados para observarlos, tengo miedo de lastimarte, pero aun así me pierdo en el encanto de las curvas espesas de tus pestañas, negras como la noche, creando una muralla protectora entre mis dedos y tus ojos insondables. Murallas que me impiden llegar a la verdad de tu alma.
 Tu cuerpo yace tendido, pero aun en su rigidez, conserva cierta impostura, cierta disposición de los músculos, que indica que al llegar a este punto estabas relajado, como si en cualquier momento fueras a despertar de un sueño largo y reparador.
 
 Pero ese momento aun no da indicios de llegar.
 Ahora es tiempo, es el momento de mostrar decisión, es la hora de demostrarte cuanto significas para mí. Extraigo del bolsillo de mi saco un pequeño envoltorio de seda roja y lo deposito sobre tu pecho, abro los extremos del lienzo y luego los costados, dejando salir a la luz una daga de plata con una Quimera tallada en su empuñadura. Elevo y extiendo mi brazo por sobre tu rostro y haciendo un pequeño corte en las venas de mi muñeca, dejo caer gotas de un elixir carmín sobre tus labios. Gotas que se deslizan y escurren por tu rostro hasta llegar al frío mármol.
 
 Nada. No hay ni el más leve movimiento. Todo fue en vano.
 
 Por  9 días regreso a tu morada y repito el ritual en busca de alguna señal.
 Hoy es el último. Si no lo logro tendré que olvidarme de ti, estoy agotada de esperar y esperar y no obtener respuesta.
Desde que te vi la primera vez, fuiste un desafío, lograr sacarte de esa inacción fue mi meta, saber que era lo que  te había llevado a ese estado, tenerte conmigo era todo lo que anhelaba.
 Te vi en mis sueños más placenteros, caminando lento, sinuoso y  vigilante, como una pantera.
En tus ojos veo vida. Son profundos, verdes como esmeraldas, agudos y acechantes. Pero no logran intimidarme.
 Tus labios son perfectos, rojos, húmedos y carnosos, que se abren en una sonrisa cómplice y dejan entrever una hilera de blancas perlas de las que se destacan dos agudos colmillos.
 Te vas acercando con pasos firmes hacia mí  y al hacerlo abres dulcemente tus brazos y los extiendes como alas.
 
Llegas y tus ojos refulgen y buscan ansiosos lo que sabes que tengo para ofrecerte. Mi esencia, mi ser y mi vida, tan solo esto tengo para darte y la tomas con la desesperación de un niño frente a un dulce prohibido. Luego, la nada.
Hoy será la última vez que venga a ti, estoy exhausta y  me estoy debilitando mucho, y es en vano, no veo ninguna respuesta de tu parte.
 No hay movimiento.
 No hay reacción.
 
 Me marcho con un dolor que lacera mi alma, ya no volveré a verte, di de mi todo lo que pude para atraerte nuevamente a este tu mundo y fracase.
Comienzo a caminar entre los fríos sepulcros alejándome de tu lecho, es una noche fría y húmeda en la que aun se pueden atrapar con las manos las gotas de rocío.
 Bajo la luz de la luna que ilumina plena el lugar de tu descanso, son un espectáculo pocas veces visto, lluvia de plata que inunda el lugar y regala diamantes en donde queda depositada. Extiendo mis brazos y alzo mi rostro hacia el cielo para gozar del rocío que inunda mis pulmones, humedece mis cabellos y se desliza por mi piel mientras comienzo a danzar en trance, disfrutando del momento, de la noche, de la vida, rocío que borra las lagrimas que caen por mis mejillas recordándome que no pude traerte a mi, recordando mi fracaso.
 
 Lento a mis espaldas un ruido, un resquebrajar de hojas…
 Mis ojos no dan crédito a lo que ven, pero mi corazón se acelera por lo que siente. Despertaste, al fin.
 Te acercas lento, sinuoso, sensual, elevando tu rostro hacia mí y fijando tus ojos verdes en los míos. Te mueves como una pantera directo a su presa, avanzas, y mientras lo haces, extiendes tus brazos y tus manos ondulando en la noche describen arabescos al compás de una melodía que solo tu escuchas. Comienzas a danzar, intentando atrapar entre tus largos y delicados dedos el fino polvo de diamante que esta cayendo en el lugar. Tu rostro ya no es el del frío mármol, tu expresión refleja la pasión, la pasión fría de quien ya conoce todos los misterios del universo.

 Y al acercarte extiendes tus brazos sin parar de bailar y me invitas a hacerlo contigo y me transporto en la danza y me pierdo en la noche y comienzo a escuchar los lamentos de un violín lejano, y siento tus manos recorriéndome mientras todo gira alrededor, y puedo sentir tus brazos  fuertes rodeándome, y un dolor agudo que me invade súbitamente, un dolor agudo y dulce, como un aguijonazo de miel, un dolor que precede al placer intenso, a una danza de sensaciones.
 Todo en mi ser se va adormeciendo, lo se, puedo percibirlo, mis latidos se hacen cada vez mas débiles, y me invade un cansancio delicioso, me voy dejando caer, estoy agotada pero logre lo que quería, logre que volvieras a mi.


 Te observo en la noche, bajo la luna, mi dulce muñeca de mármol que yaces recostada sobre una alfombra de hojas secas y polvo de estrellas. Observo con atención como tu cuerpo deja escapar a tu alma, puedo ver ese hilo plateado escaparse del medio de tu pecho y perderse en la nada, solo alguien como yo puede ser capaz de presenciar un fenómeno único e irrepetible como este.
 
 Muñeca de mármol que descansas, hasta que tu príncipe de cuentos de hada te despierte con un beso. Ya no hay rastros de vida  en ti. Tus ojos azules se apagaron borrando la luz de tu rostro. Recorro tu cara en una última caricia y cierro tus parpados, encontrando la barrera  de tus pestañas que ahora quedan coronadas por lágrimas de bruma.
 
 Duerme serena y descansa que pronto volveré por ti.

 Eso eres ahora,
 Una muñeca de porcelana,
 Durmiendo amortajada por la luna en un antiguo cementerio,
 En una fría noche,
 Bajo el lamento de lejanos violines
 Bajo el susurrar de los abedules.

Leer más:

http://www.yareah.com/magazine/index.php/literature-literatura/337-in-memoriam

http://www.yareah.com/magazine/index.php/issue-3-numero-3/55-3-literature-literatura-/144-iasteroide

Last Updated ( Saturday, 20 March 2010 12:45 )