| Drácula de Bram Stoker |
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| Monday, 01 June 2009 00:00 | ||
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Cecilia Ulrich
Al igual que para ser un poeta maldito, uno de los pilares del buen vampiro es el tormento y la desesperación. No existe tal cosa como un vampiro feliz. Los hemos visto abjurar de su inmortalidad buscando la absolución, deambular por la eternidad alimentándose de las víctimas que el mundo les brinda, siempre con sed en su sempiterna soledad.Y en ocasiones, su aburrida perpetuidad es interrumpida por una víctima que se niega a comportarse como tal. Quien debe suplicar por su vida transgrede las reglas y no trata de huir del monstruo. La tinta y el celuloide han inmortalizado una galería de víctimas –usualmente femeninas- cuyas virtudes o bondades reflotan el último resquicio de humanidad en la bestia y lo colocan por un momento en la zona gris situada a medio camino entre el bien y el mal. Aunque claro, la zona gris de la duda eventualmente se disuelve y todos los personajes se afirman en el lugar al que siempre pertenecieron. Clásicamente, esa transgresión a los roles de víctima y victimario se fundó en el amor. Pero la fascinación por las bestias como los vampiros, sea que la experimente la víctima o el lector/espectador, tiene una arista que poco se relaciona con la salvación a través de los sentimientos. Capaz como es el humano de optar por el bien o por el mal, la opción de uno no implica la desaparición del otro: es una decisión que se vuelve a tomar con cada segundo de vida, a veces con mucho esfuerzo. Continuamente decidimos no ser monstruos, pero nuestra capacidad de serlo nos acompaña tan persistente como nuestra propia sombra.Y el vampiro, con la poesía maldita de su tormento y desesperación, representa la tentación de abandonar esa cansadora lucha y rendirnos finalmente a nuestra mitad oscura, la posibilidad de liberarnos y no obedecer más que a lo puramente animal que hay en nosotros.¿Por qué condenamos a las bestias? Porque son lo que nosotros no. Muchos castigos reposan no sobre la necesidad de impartir justicia, sino sobre una secreta venganza contra aquellos que decidieron no persistir en la lucha que los demás libran a veces con pesar. Se los castiga por rendirse. Porque en el ejercicio de la libertad, la decisión de no ser una bestia es la más difícil. Disfrutamos de los monstruos en la literatura y en el arte porque sabemos que después del punto final volvemos a nuestra humanidad, y durante un rato no necesitaremos luchar contra el instinto de salir a alimentarnos de las vidas de los demás. Si somos buenos, es porque hay malos. Si somos hombres, es porque hay monstruos. Leer más: http://naturalezayracionalismo.blogspot.com/2008/06/el-bien-y-el-mal.html Bio:
Nacida en 1978 en la ciudad de Campana, provincia de Buenos Aires, República Argentina. Cursó estudios de Derecho, en cuyo ámbito se desempeña laboralmente, y también cursó estudios de Letras. Leer más: |
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“Escuche…son los hijos de la noche. ¡Que hermoso concierto!” (Bram Stoker, Drácula)