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Alix Otoole Un ser se debate entre las sombras, en busca de una respuesta. Ha llegado al límite en el que la existencia le pide dar un cambio o rendirse. Ve entre sus nebulosas confusiones a sus a ancestros, y le viene a la mente LIlith, Caín, Judas… tres execrados, tres anatemas. Tres leyendas creadas por mí y que derivaron en el mismo monstruo de los terrores nocturnos: Una, la hermosa imagen a semejanza de un Dios, se revela ante la limitación de su gemelo, pide alas para trascender a su libertad, Yaveh se lo concede, para luego condenarla con nombre falso, por no aceptar volver a la mediocridad. SI, interpreté libremente las leyendas y la rebajé a la reina de los vampiros. Otro, de quien nuevas historias cuentan de que no fue un envidioso homicida, sino el que dio el mayor sacrificio que pueda darse, derramar la sangre del más amado, el hermano, porque “sin derramamiento de sangre no se hace remisión”, le achaqué la primogénita culpa de un homicidio, un pecado nunca existido, y una vez más mi imaginería reinventa un encuentro con LIlith y lo convierte en el padre de los vampiros. Y tu Judas, yo fui quien por la necesidad de un chivo expiatorio, trastoqué el cumplimiento de un sagrado mandato en la traición más vil, y luego en el cine inventé nueva leyenda, encontrando la génesis del Drácula en el suicidio y condenación eterna del sufrido y contradictorio Iscariote. Parece un chiste esta manía de necesitar más que a la sangre el crear un símbolo de mi oscuridad, darle vida a una sombra a decir del tal Jung, mi sombra. Este ser que huye de la luz, so pena de arder y morir, que no vive pero teme morir, hundido en la culpa, que se esconde del mundo que no abandona, devora, destruye y abomina la vida que no puede tener, eterno condenado de un crimen que desconoce, el individuo aplastado por la masa, encarrilado por el miedo, un primitivo terror lo limita a pensar por sí mismo… ¿no me reconoces? Este animal gregario que huye, abomina y execra de su soledad, so pena de ser quemado por el fuego de la pena, soy yo. Pero en este instante en que al fin estoy solo conmigo mismo, este instante fugaz, efímero, mi eterna alma Humana sabe, reconoce la libertad, un Prometeo susurrando ancestrales letanías, un instante nada más antes que el miedo me devuelva a la masa y una vez más me traicione.
Leer más: http://es.wikipedia.org/wiki/Conde_Dr%C3%A1cula http://www.adn.es/sociedad/20090518/NWS-0362-Archiduque-Habsburgo-Castillo-Dracula-Conde.html Bio: Alix Otoole http://www.myspace.com/alalalai
Alix escribe para decir lo que de otra forma no puede, lo que sé que nadie quiere escuchar, para dejar escapar esos vapores venenosos y otros ni tanto. Escribe desde que aprendió, desde que le enseñó su padre. Y él le enseñó que el acto de escribir como el de leer es íntimo, solitario y perfecto, pero en el mayor de los casos, sobre todo cuando es honesto, es incomprensible. Su intoxicante favorito: Lilith; sigue sus huellas como los pasos perdidos de la humanidad, la que en esencia es, pero que perdió el rumbo desde su exilio… Mil preguntas sin respuestas, sin pretensiones, sin camino, casi sin sentido, más bien como alguien dijo una vez: “desbaratando encajes llegaré hasta el hilo”.
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