| Homo svm: HVMANI NIHIL A ME ALIENVM PVTO. NIÑOS Y MOZOS |
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| Wednesday, 01 July 2009 00:00 | ||
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Juan Ignacio Guglieri El rey de la casa, que es el niño, ha derivado en rey absolutista (estamos en el país de Fernando VII), cuando no en verdadero tirano. De ahí vienen los mozalbetes que vienen. Ya se decía en los primeros párrafos del Satiricón de Petronio: “Los padres no quieren que sus hijos aprovechen mediante una disciplina rígida”. Lo afirma un maestro llamado Agamenón. Magnífico ejemplo de mozo malcriado es el Harvey de Rudyard Kipling en Capitanes intrépidos. El muchacho, de quince años, con una mirada “mezcla de reto y malicia” soltaba contestaciones como ésta: “Es inútil prohibirme que haga lo que me dé la gana”. Hijo de un padre muy rico e inteligente y una madre nerviosa tuvo la fortuna de caer accidentalmente a las brumosas aguas del Atlántico desde el paquebote en el que viajaba. La vida de los pescadores de la goleta, que lo recoge, le hace ver el mundo de otra manera, más exacta, más verdadera. Claro que Harvey era un chico listo y observador, aunque maleducado. Todo virtudes sí que era Jim Hawkings, que sabía leer y escribir, despierto, entre bucaneros, capitanes y amotinados. Gran valor, cuando le traspasan el hombro de una cuchillada en una de las refriegas de la Isla del tesoro. Ese coraje a menudo lo da la necesidad. Oliver Twist reunía todo el que podía para pedir un poco más de sopa al sirviente del orfanato, en el que comienzan sus avatares. La siniestra institución tenía que quitarse de encima semejante distorsión. Por estos andurriales las miserias juveniles derivan en la tan española picaresca, con gran desarrollo en ambientes estudiantiles. Hay una tendencia, a pesar de los pesares, a preferir la vida de pendencias, puñadas, engaños y hambres a cualquier otra. A veces hay que pasarlo mal para tener alguna sensación de libertad. Y también hay niños inquietantes, de espanto. El Fonchito del Elogio de la madrastra puede dejarle a uno sin sueño. Este nene logra que su atractiva madrastra viva un singular erotismo inspirado en esos amorcillos abrazados a las damas y diosas de los cuadros renacentistas. El peculiar engañado, papá de Fonchito, termina alejando de sí a su querida Doña Lucrecia, gran objetivo del monstruito. Para contar estas cosas hay que ser Vargas Llosa. Al final, lo mejor es volver al principio. Siempre a Roma. El admirado Martín Cid, director de Yareah, ha escrito sobre Calígula que era “un buen tipo que, sin embargo, no supo hacerse entender por el Senado”. La Historia hizo que Calígula subiera al podio de honor de los malos. Pero muchas veces los malos son buenos y los buenos malos. No obstante, como hablamos de niños y mozalbetes, viene bien recordar al Calígula niño de doce años de Robert Graves en Yo Claudio (la conocida serie de TV es impensable en estos días). El chaval había sido pillado por la abuela en flagrante incesto con su hermana. “Calígula es un monstruo”, decía la noble Antonia. Calígula pedía a Claudio que intercediera: “No hacíamos nada malo, te lo juro. Era un juego. No puedes creer eso de nosotros”. Es muy común escuchar a los adolescentes, ante la evidencia de alguna trastada: “Yo no he sido, yo no, yo no”. Es mejor pensar que Calígula fue un buen tipo.
Leer más: http://www.librosgratisweb.com/html/kipling-joshep/capitanes-intrepidos/index.htm
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