Yareah Magazine

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Monday, 30 March 2009 16:56

Juan Ignacio Guglieri

Juan Ignacio Guglieri

Mal momento para hablar de la fealdad por muy literaria y romántica que se nos antoje. A la vista está la cotidiana reseña gráfica de la última aparición internacional de Carla Bruni. Hay gustos para todo y habrá a quien no le guste. Debe confesarse que ante esos ojos, esos dientes, ese todo con bailarinas viene una y otra vez a la cabeza lo que dicen que dijo aquel ministro de economía, cuando en una fiesta vio a la morena exótica –ésta era morena- que le hizo mandar a paseo la carrera política para prosperar, encima, en el Olimpo de las finanzas: “está para cogerla en brazos y llevársela”.

 

En fin, parece que no todo está perdido para los de metro sesenta y cinco. Pero hay que olvidarse de destellos azul turquesa y compendios de refinamiento italo-francés. Toca pensar en algo feo. Horacio. Éste va a ser en la presente ocasión. El Esquilino es una de las siete colinas de Roma: allá abajo está el Coliseo. En tiempos fue donde los pobres llevaban a sus difuntos para enterrarlos en fosas comunes. Era un tétrico lugar. Augusto quiso darle otro aire y cedió amplios terrenos a su amigo Mecenas, que hizo allí bellos jardines. Lo bello y lo feo siempre a la par: la suerte de la fea la bonita la desea. Aquel cementerio lóbrego era conocido como las Esquilias. Pues bien, nuestras feas son dos brujas, de las que habla Horacio concretamente en su sátira VIII, libro I. Canidia y Ságana, que así se llamaban los horripilantes personajes, acudían a las Esquilias para sus negras prácticas, dados los antecedentes del lugar. Aullaban espantosamente, mientras despedazaban a mordiscos una cordera y excavaban con las uñas la tierra de los antiguos enterramientos. El repugnante espectáculo es puesto por Horacio en boca de la estatua parlante de un dios, que presidía el lugar: la divinidad es la que narra la escena. Dicho dios resulta ser Príapo con sus representativos y exagerados atributos en ristre. El ser mitológico, que da nombre a la patología clínica de “priapismo”, cuenta en verso horaciano que tal fue el espanto, que le causaba la presencia de las brujas, que no pudo evitar que se le escapase un crepitus ventris. Sí, es lo que piensas, pero no es de buena crianza ponerlo por escrito en español. Dejémoslo en latín. El caso es que el estruendo intestinal de tan humana reacción hizo que las presas de pavor  fueran ahora Canidia y Ságana, que salieron huyendo. En la enloquecida carrera a Canidia se le cayeron los dientes y a Ságana la peluca.

Juan Ignacio GuglieriJuan Ignacio Guglieri

Este profesor de latín, nacido en Madrid en 1951, ha dedicado largos años de docencia a la enseñanza de los rudimentos de la lengua del Lacio. Aparte de esto y de entregarse en su tiempo libre a la holganza, a la que tiene especial afición, según declara, se ha interesado por los estudios de humanismo y pervivencia del mundo clásico.

Last Updated ( Monday, 15 March 2010 20:11 )