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Edurne Baines y Ricardo Grobas  Las ruinas de un inacabado edificio de 1917 y las del Gran Hotel, devorado por un incendio en 1973, fueron durante décadas el símbolo del auge y esplendor de la cultura balnearia de finales del siglo XIX y principios del XX en Mondariz-Balneario, tiempos que, gracias a su recuperación urbanística, vuelve a vivir esta villa termal de Galicia.
Enclavada en un valle de bosques autóctonos, Mondariz-Balneario conserva la placidez de los pueblos pequeños y retirados, con un río que discurre por parajes de inusual belleza entre robles y abedules. Lugares mágicos, como el paseo fluvial donde se encuentra la fuente de Troncoso, solitaria y ajena al paso del tiempo dentro de su atrayente cenador de hierro. El centro balneario inaugurado en 1873 en torno a otra bella fuente, la de Gándara, de acentuada línea clasicista, es hoy un moderno complejo que ha hecho de esta villa gallega uno de los principales referentes del turismo de reuniones e incentivo en el ámbito estatal. Una infraestructura nueva que cuida primorosamente los detalles de su memoria: desde los muebles antiguos que intervienen en la decoración del hotel y se manifiestan en las viejas fotografías de sus paredes, hasta el piano Stenway & Sons de 1925, una pieza histórica que rememora el espíritu de la Belle Époque.
Años y valores que se evocan paseando ahora por los impresionantes jardines con amplias escalinatas de piedra y frondosos árboles del Gran Hotel, convertido en 2005 en un edificio de apartamentos privados. El entorno natural de Mondariz-Balneario es idóneo para los paseos a pie, en bicicleta o a caballo, que pueden ser aprovechados para visitar lugares como el castillo de Vilasobroso y el castro de Troña. No obstante, por su proximidad a Vigo, el trabajo en Mondariz-Balneario se complementa fácilmente con el tiempo libre en algún lugar de la Ría de Vigo, donde se puede alquilar un velero o participar en una regata de vela. Baiona, por ejemplo, posee el encanto añadido de su casco antiguo de arquitectura marinera y una hermosa panorámica desde las murallas de su Parador. La excursión a Baiona será todavía más gratificante si incluye una ruta por lugares especiales, con los jardines más bellos de las Rías Baixas, gracias a la existencia de ejemplares únicos de camelias, flor de Galicia por excelencia: el castillo de Soutomaior, símbolo del esplendor medieval gallego, con camelias monumentales; el pazo de Torres de Agrelo (Redondela), armónico conjunto y privilegiado mirador del interior de la Ría de Vigo; el pazo Quiñones de León (Vigo), donde vive la Matusalén de las camelias, una de las más antiguas de Galicia; y el pazo de Cadaval-Urzáiz (Nigrán), entre los más sobresalientes de la provincia, declarado Bien de Interés Cultural por la Xunta de Galicia. Por su situación cara al interior, la villa de Mondariz-Balneario es igualmente idónea como punto de partida de excursiones a Pontevedra, con un casco antiguo que sorprende por su magnífica rehabilitación y por la sucesión de pequeñas plazas medievales donde bulle la vida ciudadana. Otra opción es visitar A Ribeira Sacra, los centros monacales que atesoran sabiduría, sus bodegas o los impresionantes cañones del Sil. BIOGRAFIAS |  | Edurne Baines Pilart Nació en Isaba (Navarra) hace 43 años. Licenciada en Periodismo en la Universidad del País Vasco, su primera oferta profesional, hace 21 años, la llevó a Vigo (Pontevedra), ciudad donde reside desde entonces. Ha trabajado en prensa escrita, en gabinetes de comunicación institucionales, en agencias de comunicación y como freelance. Actualmente trabaja en una agencia de comunicación –los últimos siete años, como redactora jefa de dos publicaciones que edita la Sociedad de Imagen y Promoción Turística de Galicia, Turgalicia–, y realiza reportajes periodísticos sobre Galicia para revistas del sector turístico

Ricardo Grobas Antúnez www.ricardogrobas.com Nacido en Vigo en 1962, lleva 25 años dedicado al fotoperiodismo. Actualmente es jefe de Fotografía del diario Faro de Vigo. A lo largo de su carrera profesional ha publicado reportajes en periódicos y revistas de ámbito nacional, ha realizado diferentes exposiciones y recibido varios premios, entre ellos el de la Fundación del Fútbol Profesional, en 1998. Su temprano interés por la fotografía acabó siendo su modo de vida, pero su auténtica pasión es el mar y todo lo que huela a brea y a salitre, por lo que combina ambas aficiones como medicina contra el estrés y en sus ratos libres trata, sobre todo, de disfrutar y de relajarse captando imágenes en el medio marino |
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