Yareah Magazine

¿Asteroide? PDF Print E-mail
  
Thursday, 01 January 2009 00:00

María del MolínMarina del Molín

Si se mira bien la composición del asteroide que orbita junto con la Tierra se verá que hay allí elementos "extraños": sobrecogedores, quizás, pero muy, muy familiares.
“Fue descubierto un nuevo asteroide orbitando alrededor de la Tierra, en órbita compartida con Sol. Los científicos del ASTROSETI no pudieron dar más detalles porque la investigación aún está en curso. Hay detalles técnicos que todavía llaman la atención sobre este caso, sobre todo si se tienen en cuenta ciertas “incoherencias” halladas en la imagen del satélite…”, dejó escapar casi en un susurro uno de los empleados del lugar, próximo al despido.

Cuando escucho decir que se descubrió un nuevo asteroide, que gira alrededor de la órbita de la Tierra, y recuerdo cierta tarde familiar, me dan ataques de risa...
Pobres ingenuos, ¡si supieran!
Se trata de algo ridículo, algo que sucedió, si la palabra cabe, de forma “natural”. Pero claro, si lo contás, resulta un tanto inverosímil.
Mi abuelo, un hombre distinguido en su época, conocido por su familia, sus amigos, compañeros de trabajo, en fin, alguien que no pasaba desapercibido, supongo que por lo que algunos denominan una mente febril (yo lo llamaría de mente fabril, porque le gustaba mucho fabricar), y muchas veces compartía con la gente lo que ellos llamaban divagues y fantasías. Pero algo es seguro: en ocasiones, los cuentos son pequeñas deformaciones de verdades siniestramente ocultas. (Ya me parezco a él...)
Todo esto lo comento para que entiendan el motivo de mi risita cuando dicen que descubrieron un asteroide...
Digamos que el meollo de la cuestión está en una tarde en la casa de mi abuelo quien, como les referí con anterioridad, era una gran industrioso y le gustaba crear. Cuando llegué, lo encontré enfrascado en una dura y cruenta batalla con el portaminas y el papel vegetal; en este campo de guerra se dirimían las necesidades y prioridades prioritariamente prioritarias para armar unos planos de algo que él aseguraba iba a ser monumental, colosal, genial y todos lo "ales" que el idioma castellano le proporcionó. A mi entender, bastante alejada de creer que "eso" se perfilaba como una maravilla moderna de la ciencia y técnica, di por sentado que era sólo el producto extrapolado de una interminable batalla entre vecinos, un problema de detritus básicamente; para ser mas clara, de la popó del minino del colindante frentista, que con desinteresada generosidad procedía de forma asidua a abonar el patio, frente y espalda de la casa, otorgándole en los cálidos y húmedos días de verano ese perfumillo tan conocido y nunca extrañado.
La cuestión es que lo que estaba construyendo el Abu, era una supermaxigigantesca (si es que el idioma me lo permite) catapulta, todo para deshacerse del felino y la popó tan generosamente descargada en su casa. Claro que pensaba en el derecho del animalito a seguir respirando y gozando de todas y cada una de sus funciones vitales; por lo tanto, su intención era catapultarlo junto con sus regalitos, derechito a un bosque bien alejado, que cayera sobre un acolchonado montoncito de hierbas para que no se hiciera dañito, ¡pero que se dejara de joder de una maldita vez! Y, si era posible y la gracia celestial lo permitía, hacer lo mismo con el dueño.
Claro que el artilugio pintaba bien, se notaba “coherente”, pero, entre mate y risas, yo le decía que lo pensara bien, que no era algo para tomarse a broma, que pensara en el pobre animal que no podía con su deshidratado cerebro (refiriéndome al vecino), que el pobre gato no tenía la culpa de ser tan tarado, qué se yo …
De cualquier forma sabía que no me escuchaba, pero como especulé que no iba a llegar a nada le seguí la corriente.
Hasta que un día pasó lo que pasó.

Llegué a casa de mi Nono, y la tremenda “catapultita” estaba armadita, pintadita y con un lindo moño colorado esperando ansiosa para ser estrenada. Él me estaba esperando. Con sus ojitos brillando y una cara triunfal, sostenía un termo de agua caliente en la mano, porque aquí se festeja todo con mate. Yo no podía dar crédito a lo que tenía frente a mí; era algo muy, pero muy difícil de describir… Había metido al pobre gato en una caja traslúcida y cerrada herméticamente, según sus palabras, “para que el minino no se lastime al aterrizar”, pero con los consabidos agujeritos para que pudiera respirar. A ver, que no era cosa de lastimar a la inútil bola de pelos tampoco, sólo alejarla del sacrosanto hogar…
En otra cajita, más “perfumada”, estaba dispuesta cual bricolaje la mierdita del animalito, que mi abuelo con mucho amor había juntado durante una semana, de forma sistemática y a modo de un último trofeo de guerra para ser enviada en su productiva ilusión hacia la estratosfera (con que fuese de utilidad para abonar las plantas, asunto solucionado, pensaba yo).
Lo que sucedió con todo esto fue algo bastante divertido. Ocurrió que en el momento preciso de la “botadura” se largó a llover, con tal dulzura y suavidad, que parecía que teníamos las Cataratas del Niágara en casa, así que pensé: “No lo hace.” Pero su pensamiento fue: “¡Imponente! ¡Bestial! ¡Mejor, imposible!” Y procedió con decisión al corte de cinta para elevar al micifuz y sus presentes hacia su incierto destino, pero no contamos con que iba a aparecer en la escena el desencajado “papi” del animalito (el conciudadano en cuestión), y la escenita fue de un tenor impagable. En el momento en el cual el hombre vio lo que iba a acontecer, saltó detrás de su maullador particular, pero gracias a la providencia y a un mal cálculo, tropezó y fue a dar de lleno en la espátula de la catapulta e ¡imaginen el impulso que tomó!

¡Salieron los tres cual rauda y colosal flecha disparada en línea recta hacia el horizonte lejano!
Y digo flecha porque fue todo muy organizado, eso si: Primero la cochina cacona, después el taimadito gatito y después ¡el Señor vecino! Pero lo más extravagante fue que estaban tan, pero tan empapados que, mientras volaban, se iban congelando al entrar en contacto con el cada vez más helado aire, y era grotesco ver a ese supercubito surcando el firmamento. Claro que el peso del compacto grupo iba a disminuir la marcha pero, para cuando esto pasó, ya habían llegado en “súper expreso cubetera” hacia el frío espacio y comenzaron a orbitar… El cubito se fue haciendo cada vez más grande, hasta alcanzar las dimensiones que ahora se conocen. De vez en cuando su cuerpo adquiere mayor volumen, pero también se derrite un poco cuando se acerca al Sol. (¡Imaginen si se derrite muy cerquita del Sol la caja de los nunca bien apreciados regalitos del dulce minino!… De sólo pensarlo… ¡qué hedor!… ¡qué dolor de nariz!)
Es el motivo por el cual me río, porque, cuando escuché la noticia, fue como trasladarme al pasado (sobre todo porque el informante de la agencia espacial es nada más y nada menos que mi propio hermano, quien sabe tan bien como yo todo lo que pasó esa tarde) y revivirlo. Además, cómo corno van a poder explicar que las imágenes del satélite muestran un tupper con popó, otro con un gato congelado en un maullido interminable y detrás, como si fuera la cereza del postre, un encolerizado sesentón en bata y zoquetes ¡tratando de alcanzar todo esto!

*“Este relato salió, entre otras cosas, de una anécdota familiar. Por supuesto que el gato en cuestión, y protagonista de mi cuento, sigue tomando sol en mi ventana.”

BIOGRAFIA

Marina del Molín

English Kala, cuyo nombre completo es Marina Dal Molin, nació en la ciudad de Mar del Plata, el 9 de noviembre de 1975, lugar en el que vive actualmente. En 1988 se recibe de Profesora Superior de Dibujo y Pintura Artísticos, con eso da sus primeros pasos en el trazo y el color. En 1993 egresa de la EDEM Nº1 (en Mar del Plata se la conoce como PILOTO) como Bachiller en Ciencias Biológicas. En 1997 culmina sus estudios de Portugués, idioma que se encuentra dictando en la actualidad. En 1998 comienza a incursionar en la carrera de Diseñador Industrial en la UNMDP, carrera que, pese a algunos tropiezos y brechas temporales, está intentando finalizar.
¿Qué cosas le gustan? El mar, los jazmines, los animales, escuchar música, leer mucho y dibujar. Estas tres últimas cosas están muy relacionadas. Para dibujar, crea un ambiente con música, preferentemente Emma Shapplin, Evanescence, o rock más bien dark, y se coloca en sincronía con sus ideas. Esto sucede también en el caso de escribir y, en ocasiones, parte de imágenes creadas previamente para contar historias.
¿De dónde surge Kala? De la planta de cala: ama tanto los jazmines como las calas negras.

Last Updated ( Sunday, 20 September 2009 19:32 )