Yareah Magazine

La musica comienza con Juan Sebastian Bach PDF Print E-mail
  
Tuesday, 01 December 2009 00:02
Jose Manuel Recio
 
 Órgano
La Música, tal como la conocemos hoy, comienza con Bach. Él es el eslabón entre dos grandes maneras de entender la música. Como arte, y como artesanía. Antes de Bach, la música estaba al servicio de algo. Servía para acompañar a un texto, para alabar a Dios o para distraer a un noble. Después de Bach, (aunque no de manera brusca, claro, estas cosas requieren su tiempo), la música está porque tiene que estar. No es de extrañar que el 90% de la que oímos hoy en la sala de concierto comience con Bach, y termine con Mahler (aunque esto ya es otra historia).

A mí me llama la atención el hecho de que una época en la que nace el culto a la persona, una época de grandes genios, grandes talentos, una época de niños prodigios, naciera con un hombre de lo más normal, cuya única diferencia con el resto de los hombres fuera su inmensa capacidad de trabajo. Mozart escribía sinfonías con seis años, Beethoven daba conciertos con ocho, Liszt, Chopin, Albéniz, Mendelssohn... todos fueron niños prodigio. Pero Bach, de niño, estudiaba.

Quedó huérfano cuando estaba a punto de cumplir diez años. Se fué a vivir con uno de sus hermanos mayores, y fué él quien le enseñó las primeras lecciones de música. Cuentan que tenía un libro, manuscrito, formado por piezas para clavicordio escritas por los principales compositores de la época: Frohberg, Fischer, Pachelbel, Buxtehude... Bach ansiaba estudiar estas piezas, pero su hermano se lo impedía. Supongo que no se fiaría de dejarle un libro valioso a un niño de diez años que estaba empezando a estudiar. ¿Y sabéis lo que hizo Bach? Durante seis meses, estuvo levantándose todas las noches, y copiando, a la luz de la Luna, una a una todas estas piezas y cuando la tarea estaba casi terminada, y ya se disponía a disfrutar en secreto de esta música, fue descubierto por su hermano, quien sin ningún miramiento, le rompió todo su trabajo.
El joven Bach no pudo volver a acceder a este material hasta la muerte de su hermano, acaecida algunos años después. Esta vez, ya, sin restricciones.

Pudiera parecer, por todo lo que he dicho, que Bach se convirtió en un adulto normal y que nosotros nos encargamos de idolatrarle, pero... ¡No te engañes! Quien trabaja duramente, siempre obtiene un resultado, y para demostrarlo, me gustaría terminar con una anécdota que nos dará una idea sobre las aptitudes del maestro.

Instado por Jean Baptiste Volumer, Bach tuvo que enfrentarse, -organísticamente hablando, claro-, con Marchand, el mejor organista de Francia. Al principio a Bach, que era un hombre sencillo, no le pareció nada bien la idea. Eso de tocar para demostrar que es mejor que el otro no le gustaba. Pero tanto le insistieron que si era el orgullo de Alemania, que si tal, que si cual, que al final Bach accedió. Dijo algo así como:
-Bueno, el domingo, cuando termine la misa en la que toco, os acercáis por la iglesia y tocamos un rato a ver quien toca mejor, pero que conste que yo soy contrario a este tipo de retos sin sentido! Cuentan que Marchand, que era el mejor organista de Francia llegó, asistió a la misa, preguntó a alguien de por allí por el organista que estaba tocando y éste le dijo que era Bach. Nadie sabe como tocaba Bach en la misa, pero parece ser que se asustó tanto de pensar que tendría que vérselas con ese individuo que cogió sus cosas, y desapareció.

Nadie nunca volvió a saber de él.
 

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