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por Ignacio Zara
No hace mucho, leyendo “Eminescu y los 7 pecados capitales”, comprendí cuanta razón tiene su autor, nuestro apreciado Martín Cid, al afirmar que son los escritores quienes hacen la historia. Fue Galdós quien creó la leyenda de Trafalgar, nos dice Martín, y fue Émile Zola quien, con sus pormenorizadas y antibelicistas descripciones de su novela La Debacle, nos ha forjado la tremenda historia de la batalla de Sedán de 1870.
El protagonista es el cabo Jean Macquart, un campesino de escasa formación militar pero de mucho sentido común que participa en la batalla y que es el pretexto (Zola siempre se centra más en la descripción de ambientes y situaciones que en sus protagonistas) para dar paso a un sin fin de personajes, entre los que destacaría a Maurice Levasseur, su amigo. Juntos participarán en la batalla del lado francés y contra la Prusia de Bismarck. El ambicioso Napoleón III, sobrino del no menos insaciable Napoleón I, llegó al poder como presidente de la República francesa pero, en 1852, da un autogolpe de estado y se proclama emperador de un régimen dictatorial y corrupto, basado en la especulación y enriquecimiento fácil. Además, emprende una política exterior belicista que trataba de emular los éxitos militares de su difunto tío y de la que él y “su banda” obtenían pingües beneficios. Todo terminó en 1870, cuando su enorme pero mal organizado ejército -que él mismo dirigía- fue derrotado por el prusiano de Bismarck y el propio emperador hecho prisionero: muertos, desastre y dolor. Zola se muestra absolutamente contrario a la guerra y desecha el patrioterismo barato tratando con bastante objetividad a los prusianos (trata con objetividad al propio Napoleón III, a quien, si leemos la biografía del novelista, poco tenía que agradecer). Por tanto, esta es la imagen que de Sedán nos ha quedado, una imagen nada gloriosa, una imagen de que la guerra no sirve para nada bueno y de que si sus consecuencias inmediatas de muerte, mutilados y prisioneros son nefastas, lo que se gesta a su costa es malo también. En el caso francés, fue la Comuna de París y allí, Jean Macquart y Maurice Levasseur volverán a encontrarse, pero esta vez luchando en bandos contrarios y el último, que iba a ser cuñado del primero, terminará ensartado en la bayoneta de Macquart: muertos, desastre y dolor.
Leer más sobre Ignacio Zara: http://ignaciozara.blogspot.com *Yareah magazine es una revista cultural fundada y dirigida por el escritor Martín Cid: http://www.martincid.com **Created and edited by the writer Martin Cid:
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