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Por Ignacio Zara
 | | Eugenia de Montijo, emperatriz de Francia |
Cuando yo era niño, hace ya algún tiempo, no había mega-pijas, sólo pijas, y no solían tener mayor interés. Una pija, al menos en mi colegio de Madrid, era una chica que quería parecer lo que no era y ante su evidente falta de inteligencia (eran, por definición, de escasas luces) se aseguraba en sus ropas de marca (todas iban con una especie de uniforme que las hacía semejantes a las de su grupo y no consolidaba diferencias: mismos zapatos, mismas gafas de sol… misma manera de farfullar palabras, como si un huevo entorpeciese su lengua). Si tú, miembro del género masculino, eras pijo, te juntabas con ellas y reforzabas tu manada en un mimetismo atroz que no dejaba lugar a la diferencia.
| | Camelia Eugenia de Montijo |
Creo que a escala mundial era lo mismo, y desde que Jacqueline Kennedy dejó de ser primera dama estadounidense y ya con una Audrey Herpur mayor y dedicada a las labores humanitarias, las mujeres “Diez” (¿recuerdan la película?) estaban hechas en serie, sin nada que las hiciera “megas”. Sin embargo, en los últimos 10 años (¡afortunadamente!), la elegancia femenina ha vuelto a cobrar protagonismo; es decir, diferenciación. En España sigue habiendo pijas (trabajan en Bancos o estudian Derecho) que, desde mi punto de vista, ni marca tendencia ni tienen ningún sex- appeal pero, es lo que me interesa, ha surgido la mega-pija: la exagerada, la radical y única, la que nos interroga y da ideas, en la que nos fijamos y divierte… según las estadísticas, Paris Hilton está a la cabeza del nuevo fenómeno y esto nos aleja de los tiempos grises de la III República Francesa. En 1870, Napoleón III es derrotado por Bismarck en la Batalla de Sedán y se proclama la III República. Esto no tiene la menor importancia para un país que ha tenido tantas pero, aquí viene lo grave, su esposa, la granadina María Eugenia de Montijo, dejó de lucir en la ópera de Paris y los impresionistas (a punto de nacer) se quedaron sin musa. En medio de una colección de políticos mediocres y pijas sin sustancia (¡es increíble que pudieran sobrevivir a la Primera Guerra Mundial!) tuvieron que buscar su inspiración en prostitutas (Toulouse- Lautrec), bailarinas aún por hacerse señoras (Degas) o esposas demasiado conocidas para ensalzarlas como “Diosas” (Renoir). Berthe Morisot o Mary Cassatt (las más distinguidas del momento) se pintaron ellas mismas y Gauguin se fue a buscar sus musas a los confines del mundo… tal vez allí residiese una nueva Cleopatra, una María Antonieta de moño infinito… en definitiva, una mujer con garra capaz de inspirar una obra de arte o, sobre todo, a un hombre. Y hubo que esperar algún tiempo, a que Jacqueline Kennedy o Marilyn Monroe llenasen de color los cuadros de Warhol, a que Madonna empezase a romper uniformes, a que Paris Hilton nos hiciese partir de risa. Los pintores ya tienen musas, el uniformado siglo XX ha concluido, felicitémonos por ello. Viva lo “mega”, siempre lo “mega” que conduce a la diferenciación. Leer más: http://www.biografiasyvidas.com/biografia/e/eugenia.htm Bio: Ignacio Zara, madrileño, curioso de la vida y, a veces, periodista. http://ignaciozara.blogspot.com/ *Yareah magazine es una revista cultural fundada y dirigida por el escritor Martín Cid. **Created and edited by the writer Martin Cid. |