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Silvia Cuevas Mostacero  | Gabriela Labudda. Recordando |
Nací en Madrid el 22 de abril de 1965 de madrugada, en pleno partido de fútbol, según mi padre, por lo que a mi madre le costó traerme al mundo casi sin ayuda. Y así fue como comencé este viaje, en Madrid, capital de España, pequeño país con gran historia (¿o debería decir historias?) por eso he pensado comenzar esta sección aquí.
Fue en 1561 cuando el rey Felipe II abandonó Toledo, la antigua capital visigoda de España, para establecer la corte en Madrid. Y fue su padre, el emperador Carlos V, quien le aconsejó que emplazara la corte en un lugar fijo, cambiando la costumbre de una corte itinerante. Felipe declaró que “tan grande monarquía tenga una ciudad que haga las veces de corazón situada en el centro de su cuerpo” y así comenzó su aventura de “villa y corte”. Madrid es ciudad de excesos. Tanto en su clima (“nueve meses de invierno y tres de infierno”, como dice el dicho popular), como en su gente. Hemingway escribió en “Muerte en la tarde”: “ A los madrileños les gusta su clima y se sienten orgullosos de esos cambios bruscos. ¿Qué otra gran ciudad podría proporcionar semejante variedad? Cuando os preguntan en el café cómo habéis dormido y contestáis que con ese calor del diablo no habéis podido pegar ojo hasta la madrugada, os dicen que ése es el momento apropiado para dormirse. Poco antes del alba desciende un poco la temperatura, y ése es el momento en que un hombre decente debe irse a la cama. Por grande que sea el calor de la noche, siempre refresca en esos momentos. Por lo tanto, es un clima excelente si los cambios no os trastornan demasiado… En las noches frías podéis beber un buen copazo de coñac y largaros a la cama. Ir a dormir temprano en Madrid es como querer sentar plaza de persona extravagante, y vuestros amigos se sentirán molestos durante algún tiempo con vosotros. Nadie se va a la cama en Madrid antes de haber matado la noche. Por lo general, se cita a un amigo poco después de medianoche en el café. En ninguna de las otras ciudades en que yo he vivido, salvo en Constantinopla, durante la ocupación aliada, se va con menos ganas a la cama con el propósito de dormir.” Quizás nuestro actual alcalde, con ese afán “afrancesado” de seguir horarios europeos, debería leer a Hemingway para recordar lo que eran antes Madrid y los madrileños. Lo del clima lo achacaremos al calentamiento global… Madrid está llena de tópicos (“ciudad de acogida”) y gente típica (de Madrí) y es en la única que he estado en la que hay que esperar algunos segundos para cruzar en un semáforo, esperando que alguno se lo salte, lo que indefectiblemente, ocurre. Muchos vienen a Madrid por el trabajo y se quedan. Muchos salen huyendo. En general, se considera una ciudad de paso, salvo por los nacidos aquí, que la familia tira. Con tanto movimiento, las leyendas surgen por todas partes. Hay leyendas sobre numerosas calles, casas encantadas y muchos personajes. La Plaza Mayor fue testigo del comienzo de muchas de estas historias. Una de ellas tuvo como protagonista al conde de Villamediana, que en el siglo XVII disfrutó de una posición destacada, a pesar de ser un personaje polémico por sus críticas contra nobles y plebeyos. Quizá por esta razón se dio crédito al rumor que apuntaba a que el conde de Villamediana estaba enamorado de la mismísima reina Isabel de Borbón. Cuentan que el conde asistió a una de las frecuentes fiestas taurinas que se celebraban en la Plaza Mayor con un collar formado por reales y una inscripción que decía: “Son mis amores”. Unos apuntan a que con ello quería dejar de manifiesto su interés por el dinero, muchos otros, sin embargo, defienden que lo que el conde de Villamediana pretendía era dar a conocer su amor por la reina (“reales son mis amores”). De cualquier modo, supuso un desafío, y cuando quiso brindarle un toro a la reina, un regidor provocando al rey afirmó: “Su Majestad, ¡qué bien pica el conde!”. Algo que Felipe IV zanjó con un “¡pero pica muy alto!”. Aunque el desagravio pareció quedar ahí, el conde de Villamediana apareció muerto días después cerca de San Ginés, iniciándose el rumor de que el asesinato fue por orden real, producto de los celos del monarca. (esMADRID) Monarquía, clérigos, buscavidas, viajeros, todos han formado siempre parte de esta villa de cuyas innumerables carreteras vamos a partir hacia otras tierras y leyendas. Y con esto y un bizcocho, hasta mañana a las ocho.
LOST PARADISES- PARAISOS PERDIDOS SILVIA CUEVAS MOSTACERO
All our life is a journey; A journey through places, people and ages. A journey in which there is always a seeking: of Love, friendship, recognition, in short, Hapiness. This section is intended to be a journey too. We’ll travel from one place to another or we’ll have the experience of changing from one state of mind to another. We’ll tour round places or visit several ones. We’ll wander, go on trips of many kinds and move through myths and legends of the world or even the universe. I invite you to join us in this uncertain journey in which we’ll find (or not) our destination.
Toda nuestra vida es un viaje. Un viaje a través de lugares, gentes y edades. Un viaje en el que siempre hay una búsqueda; de Amor, de amistad, de reconocimiento, en definitiva, de la Felicidad. Esta sección pretende ser un viaje. Viajaremos de un lugar a otro o experimentaremos el cambio de un estado de la mente a otro. Andaremos por un lugar o visitaremos varios. Vagabundearemos, viajaremos de muchas formas y nos adentraremos en los mitos y leyendas del mundo o incluso del universo. Te invito a unirte a nosotros en este viaje incierto en el que encontraremos (o no) nuestro destino.
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