| VIESZCY... POR FRANCISCO DE GOYA Y LUCIENTES |
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| Monday, 01 June 2009 00:00 | |||||||||||
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Isabel del Río “VIESZCY“... POR FRANCISCO DE GOYA Y LUCIENTES Lucio Apuleyo, filósofo en Roma, tiene el honor de ser el autor del texto más antiguo que conservamos sobre vampiros humanos: Las leyendas sobre vampiros se pierden en la noche de los tiempos y no tienen sólo una raíz indoeuropea, ya que los aborígenes australianos o las culturas precolombinas creían también en seres que devoraban la sangre de los niños (y no tan niños) a traición y con las peores artes. Es fácil dar una explicación racional al tan extendido mito. No hace falta más que prestar un poco de atención a los periódicos, o a los episodios históricos más famosos, para deducir que los comportamientos éticamente correctos no son los únicos y que abundan ésos en que cualquier grupito u hombrecito (también hay donas) decide “chupar” con su largo colmillo de acero (otras veces, con su lengua afilada), el trabajo, ilusión, construcción… es decir, la sangre, de otro ser que nada malo ha hecho.
Francisco de Goya (1746-1828), mi pintor favorito, los destripó con su pincel seco a todos: vampiros dioses, vampirillos soldados, tarados vampiros, vampirillas chupópteras… también algún doctor y algún que otro intelectual… más el pedazo de caníbal que decoraba el comedor de su casa: Saturno. ¡No hay duda de que el “maño” había conocido bien cómo actuaban los Dráculas del momento! Pero Goya también pintó la faceta vampírica que a mí más me sorprende. No es la de un caballero, o señorita, aprovechándose de otro, u otra, a placer sino la del vampirito que se come a sí mismo. En su "Vuelo de Brujas", Goya nos está contando como unos hombres (cuyos rostros cubren porque pueden ser cualquier hombre) se devoran a diario por su estulticia (¡me gusta el burrito del fondo!), porque se comportan como avestruces con la cabeza en tierra, y porque han elegido el camino sencillo, el que acata las normas impuestas por los poderosos de la religión, la política y el dinero (está claro, siempre son triadas, como en las antiguas religiones) que sobrevuelan su corto intelecto.Yo creo que es precisamente éste el sentido más profundo del vampirismo; al menos, a mí es que el menos risa puede llegar a darme (si quitamos la metáfora, no deja de haber un lado grotesco en todas estas leyendas porque, por supuesto, ¡nosotros somos seres racionales del siglo XXI!) Por eso, de los mil y un vampiros existentes, el que más me sorprende e interesa es, son, Vieszcy, aquel tierno vampiro ruso que se comía sus propias manos y pinreles mientas estaba en la tumba de día, pero que se resarcía de sus padecimientos por la noche, con un sabroso cóctel de sangre del ganado de sus vecinos. Dicen, y es que no puedo dejar la risa frente al tema vampírico, que después de la merendola tañía suavemente las campanas de las iglesias para chinchar a los propietarios de las vacas (también había cerdos).Sí, no deja de dar risa, pero la risa puede ser una defensa ante algo muy, muy, trágico: ¡pobres cerditos! Leer más: http://www.artehistoria.jcyl.es/genios/pintores/2085.htm
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